El pinganillo

A mí esto me da bastante lo mismo. Habrá quien diga que es el fin de la creatividad individual y habrá quien defienda la presencia del entrenador dentro del campo (o algo así). Y si lo permiten (que parece que no), pues seguro que nos acostumbramos todos rápido a ver esparadrapos en las orejas y no pasará nada.
Pero pensaba yo el otro día, viendo a Raúl, que a mí a veces no me importaría llevar un pinganillo. Así, cuando estuviera escribiendo habría una voz que me diría qué trama es mejor, qué personaje debo desechar o cómo acabar una historia.
Ya puestos, llevaría el pinganillo en todo momento, en la vida. Y me susurraría qué marca de leche comprar o qué clase de jamón jork. También estaría bien que me avisara de los trayectos más cortos en metro o qué decir en las conversaciones aburridas. Qué camisa comprar, qué cocinar hoy, qué película ver, dónde quedar con mis amigos o si decirle algo o no a esa chica que acaba de pasar.
Pero estoy seguro de que después de unos días con una voz dentro de mi cabeza retumbando, opinando, ordenando, acabaría harto y le darían bien por culo al pinganillo. Por la necesidad de decir "no". Y sobretodo por el placer de equivocarme.
8 comentarios
charly -
mike -
¡¡¡POR DIOS!!!
(comment en mayúsculas en homenaje a 70x100)
davismiles -
rubens -
Yo creo que todos las escuchamos. Una fijo. A veces, más.
Yo escucho un mogollón. Incluso, Lorena, alguna en plan "vamos, campeón".
mike -
gregoriok -
lorena -
farcman -
Así que si con uno, muchas veces te haces la picha un lio, no me quiero ni imaginar lo que pasaría con dos.
Aunque pensándolo bien...