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la vida es amagar

El cuaderno

El cuaderno

Subió al tren en la estación de Canal. Llevaba una chaqueta de cuadros, las manos sucias de varios días y los ojos sin luz. En la mano izquierda, un metro. En la derecha, un rotulador. Pero sobretodo llevaba su cuaderno. Se abrazaba a él con ansiedad y apuntaba cosas frenético.


Dibujos eaquemáticos, torpes, de objetos imposibles. Junto a ellos, destacadas, las medidas: 6 metros. 8 metros. 1,2 metros. Luego se giraba y me miraba con recelo y volvía a apuntar: 50 cm. 12 cm.
 
Cada pocos segundos volvía a abrazarse al cuaderno, lo cuadraba con sus dedos, me miraba de nuevo. Y luego seguía apuntando: 8 metros. 35 cm.

En la parte de abajo de la hoja, a la izquierda, había una lista destacada en rojo con tres puntos numerados:
 
1:
2: Escucha 
3: Olvida
 
El primer punto de la lista estaba en blanco.
 
En la siguiente estación se bajó.
 
Parecía muy ocupado.

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Show me the monkey!

Show me the monkey!

“Aguanta lo que puedas sin enseñar el bicho” es una buena regla a seguir en determinados géneros cinematográficos. Cientos de películas pierden interés en cuanto ya conocemos bien el monstruo, la bestia, el malo, el bicho. Porque, salvo contadísimas excepciones, el bicho desilusiona. Es siempre más inquietante lo que uno imagina que lo que luego resulta ser.

Inquieta más una sombra debajo de una puerta que abrir la puerta de golpe. Con la segunda opción puedes conseguir un susto. Vale. ¿Y luego?

Uno de los primeros ejemplos, y de los mejores, es “Tiburón”. Aquí Spielberg lo demostró elocuentemente: consiguió identificar al tiburón (sin enseñarlo) con la música. Cada vez que sonaban esas notas geniales, la gente dejaba de comer palomitas.

Más recientemente, hubo quien aplicó estas ideas al marketing. Otro ejemplo ilustre: no nos quisieron enseñar a “Godzilla” y cuando la gente vio al bicho, no le gustó. La peli fracasó.

Y ahora llega un tal Peter Jackson que ha hecho una nueva versión de “King Kong” y tira por tierra estas ideas. Antes del estreno habíamos visto al mono. Pero es que también habíamos visto al mono con la chica. Y al mono golpeando dinosaurios. Y al mono destrozando coches en Times Square.

Esto puede parecer una decisión fácil, porque todos conocemos la historia y sabíamos que era un mono, etc. Pero no es tan fácil. Precisamente porque todos conocemos la historia, se supone que su única baza es la forma en la que se ha hecho. Y la forma, o gran parte de ella, nos la enseñan antes de empezar.

Bueno, pues que da igual. Que lo que nos han enseñado es poco. Que la forma es deslumbrante, sí, pero no es sólo eso. Que Kong es un personaje cojonudo. Que merecen la pena los 187 minutos de mono. Y que habrá varios momentos en que dejarán de comer palomitas.

Bruce Willis está muerto

Bruce Willis está muerto

Aviso: si usted vio ayer “Los 4400” en Antena 3 y no quiere saber la respuesta a la gran pregunta, no siga leyendo y no mire la imagen que hay al final del post.

Ahora, sigo. Antena 3 estrenó ayer ”Los 4400” después de varias semanas de una campaña brutal. Se trata de una miniserie que van a emitir en dos capítulos (ayer y hoy) y que viene avalada por premios y buenas audiencias.

Cuenta la historia de 4400 tíos que habían desaparecido durante años, en diferentes épocas, y que aparecen todos a la vez, de pronto, como si el tiempo no hubiera pasado para ellos. Bueno, no cuenta la historia de los 4400, sólo la de algunos de ellos. La serie no está mal. En seguida nos quieren vender que todo el monte es “Los Sopranos”. Pero no. Ni de coña.

Al grano. Porque hay dos elementos que hacen comprensible la imagen del final de este post. Por un lado, que hoy se emite el segundo y último capítulo de “Los 4400” y lo fundamental es saber el POR QUÉ. Todos los que hayan visto el primer capítulo querrán ver hoy el desenlace.

Por otro lado, Cuatro lleva también semanas anunciando con fuerza el estreno de otra serie de aparente calidad: ”Roma”. Y la estrenan HOY. Justo hoy. Esto es lo que se llama "cagada de programación".

Y ahora, miren esta imagen de El País (periódico del mismo grupo audiovisual que Cuatro) de la página de programación de hoy:

BRUCE-WILLIS

Con dos cojones.

Gente mayor pegándose

Gente mayor pegándose

Una de las primeras historias que escribí en forma de guión trataba sobre unos ancianos que se escapaban de un asilo y robaban, huían, etc. Era como "Thelma & Louise" pero con Fernando Fernán-Gómez y Paco Rabal.

Hay algo que me atrae mucho en la imagen de una persona mayor haciendo o diciendo cosas que se supone que no debería o podría hacer a su edad. En el gran programa "Jackass", Spike Jonze se disfrazaba de anciano, entraba en una tienda y se ponía a robar de manera descarada. Los dependientes tenían que llamarle la atención, pero les resultaba incómodo ya que era un anciano y además él lo negaba todo. Solía terminar siempre igual: el "anciano" salía corriendo. Sólo que corría como si tuviera 30 años...
Juan Carlos Ortega lleva años poniendo a personas de la tercera edad en situaciones y sobretodo diálogos surrealistas. La comicidad está en lo que dicen y en las ideas que manejan, pero es más gracioso por tener la edad que tienen.
Bien. Ahora, imaginen a dos personas mayores y un joven que forman un trío musical romántico. Los tres con sus guitarritas cantando boleros con voces de otra época.
Imagínenlos saliendo de una actuación dispuestos a tomar algo. 
Imagínenlos borrachos.
Ahora imagínenlos dándose de hostias entre ellos en un hotel de Tegucigalpa.
Imaginen a uno de ellos colgando del balcón de la habitación.
 
Ahora ya saben por qué me reía yo solo leyendo el periódico esta mañana.  
 

Enlaces imperativos

Enlaces imperativos

Me había sentado dispuesto a escribir algo sobre el estreno ayer del programa de Pepe Navarro. Pero me he puesto a pensar y me he agobiado. Son demasiadas cosas. Demasiado desagradables. Así que mejor introduzco el adjetivo "vergonzoso" y les animo a leer esta crítica.

 
Así, además, puedo dedicar este post a otras cosas más felices como por ejemplo: 
 
- recomendar que estas Navidades se olviden ustedes de regalar cosas absurdas. El I-Pod está muy visto, carajo. Regalen algo original. Hagan un pedido en canita.  
 
- recordar que uno de los personajes más llenos de rencor de la red ha escrito un nuevo post.
 
- y obligarles a que si ya han visto este trailer y también este, pues que no se pierdan EL NUESTRO (nuevo), que anda que no me da morbo poner aquí el link al lado de los otros.
 
Qué bien me he quedado, oye.

Peliculón

Peliculón

Viernes pasado. Cines Verdi. Estoy esperando a que empiece la brutal ’El sabor de la sandía’. El tipo que tengo delante habla con alguien que está a su izquierda, al otro lado del pasillo.


"Ah, lees fotogramas, como yo. A mí me gusta. Aunque la verdad es que cuando la lees parece que tampoco te enteras de mucho. Y ’Cinemanía’ o ’Imágenes’ pues es parecido. A mí me gusta más ’Dirigido’ y, bueno, la que me gustaba mucho era ’Nickelodeon’, la de Garci. Pero ya no está. Es que vamos perdiendo cosas... Me da mucha pena. ¿Has visto ’La vida secreta de las palabras’? Peliculón, ¿eh? PELICULÓN. Buf. Qué bien está Tim Robbins. Muy bien, muy bien. Y Sarah Polley está estupenda. Estupenda. Es algo que no se entiende, ¿verdad? Que una actriz como ella haga luego otras peliculillas pues no se entiende. Porque Sarah Polley pues hace esta, ¿no?, que es un peliculón, pero hace poco hizo la cosa esa, la peliculilla esa de ’Amanecer de los muertos’ y...".
 
Mi mano le interrumpe estampándose en su colleja con fuerza. "¡¡¿Peliculilla?!!", le grito.

Bueno, no.
 
Joder.

Famosos

A mí nunca me ha hecho especial ilusión ver a famosos por la calle. Recuerdo que cuando estaba en el instituto y viajaba a Madrid con mi colegio "para ver el Parlamento", al volver siempre me preguntaba algún amigo si había visto a alguien famoso. Pues no. O sí. No sé. Da igual.

 
Luego, cuando vine a vivir a Madrid, los primeros años iba mucho por trabajo a estrenos de películas. Y ahí los tenía que ver por huevos... Siempre he pensado que con los famosos, visto uno vistos todos. El caso es que tenía compañeros de trabajo que se ponían incluso un poco nerviosos: "Eh, mira, José Coronado".
 
"Eh, mira, José Coronado".
 
De todos modos, tengo que reconocer que ha habido excepciones. Hace un par de años fui de vacaciones a Nueva York y caminando por Lexinton Av. me crucé con Harrison Ford. Vale. Indiana Jones. Eso fue otra cosa. Nos echamos unas risas (mis amigos y yo, no Harrison y yo) y ya está.
 
Pero es que lo que me pasó el lunes...
 
Lunes. Veintiuno de noviembre. Diez menos cuarto de la noche. Madrid. Calle Gran Vía. Cruzando un paso de cebra veo a una CHICA que camina en sentido contrario. La miro una y otra vez. No puede ser. Sí. Es ella.
 
NATALIEE 
 
Girado en mitad del paso de cebra la veo alejarse por la Gran Vía.
 
"Eh, mira, José Coronado".
 

Mi vecino tiene Imagenio

Mi vecino tiene Imagenio

- DÍA 1 -

Salgo de casa y mi vecino, de unos 50 años, está en el rellano fumando un cigarro, apoyado en la barandilla.
- Hola - le digo.
- Hola... Se me ha ido la luz.
Paso por detrás de él y comienzo a bajar las escaleras.
- Y claro, como se ha ido la luz pues se me ha apagado el Imagenio.
Le sonrío un poco en plan amable y sigo bajando.
- Supongo que se arreglará enseguida y ya funcionará el Imagenio.
Le vuelvo a sonreír, un poco menos, y sigo bajando hasta perderlo de vista. Aún puedo escuchar su voz de fondo.
- Imagenio...
 
- DÍA 2 - 
 
Entro en mi portal y escucho que alguien llega detrás de mí. Cuando comienzo a subir las escaleras oigo el típico reclamo para inicio de conversación:
- Bueno...
Me da pereza girarme, pero me giro. Es él. Mi vecino.
- Hoy tenemos Madrid-Barça...
Voy subiendo las escaleras con él detrás; le saco unos seis escalones de ventaja.
- Habrá que comprar el partido...
Le miro de reojo con media sonrisa.
- Sí.
- Ah, no. Que hoy es gratis.
Soy un ingenuo, tenía que haberlo visto venir, pero le digo:
- No, no es gratis. Sí que hay que comprarlo.
- No, si es que lo que pasa es que cuando me hice de IMAGENIO me lo regalaron.
Mierda. Acelero el ritmo, pero sorprendentemente no consigo sacarle más escalones de ventaja.
- Y además con IMAGENIO cada tres partidos que compro me regalan uno.
Su puta madre. ¿Es que Telefónica le paga dinero a mi vecino?
- Y no es caro: lo que gastas en el bar viendo el partido.
Todas mis contestaciones son letras eme. Pero el hombre-anuncio sigue.
- Pero con IMAGENIO lo veo calentito en mi casa.
Joder. Me despido. Entro en casa.
 
Me quedo de pie unos segundos, como cansado. Y no puedo evitar mirar de reojo a mi tele.
 

¿Qué hora es? Las 5:36

¿Qué hora es? Las 5:36

Preguntar la hora y que te la den. Lo hemos hecho miles de veces, parece simple, pero es uno de los diálogos más efectivos que existen. Preguntamos algo y nos dan la respuesta. Pido información, me dan información. Así de sencillo. Así de satisfactorio.

Esta mañana, mientras tomaba café, una señora se ha acercado con sus gafas en la mano: “Disculpe, ¿hoy es martes?”. He dudado unos segundos. “No, no. Miércoles”.

Y se ha ido hacia la barra, con su información. Joder, y me ha dejado ahí pensando… 

- Hoy es miércoles, señora.

- ¿Y sabe si han bajado las acciones de Telefónica móviles?

- Efectivamente, -0,30 €. Oiga señora, ¿no cree usted que la técnica de los tránsitos para detectar planetas es un poco primitiva?

- Sin duda. Pero debemos asumir que estamos en una etapa primitiva en lo que a astrología se refiere.

- Pienso igual. ¿Le gusta mi bufanda?

- Bueno… Es bonita. Tiene pinta de abrigar mucho.

- Abriga, sí.

- Pero queda raro llevarla dentro de un bar.

- Es que estoy destemplado, señora.

- Yo igual, joven. ¿Sabe que mi hija quiere llamar Pandora a su hija?

- Pandora…

- ¿Le parece un nombre apropiado?

- Bueno, es un nombre propenso a la colleja en el colegio, pero no es feo.

- Eso le digo yo…

- Oiga, señora, ya que estamos… ¿Usted cree que todo esto tiene sentido, de dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué opina?

- Uy, joven, no sé si todo esto tiene sentido, y no tengo ni idea de adónde vamos. Pero una cosa le digo: venimos del mono. Es lo único que sé.

- ¿Es lo único que sabe?

- Es lo único que sé.

Pido información, me dan información. Así de sencillo.

Tristeza

Tristeza

Estaba siendo un buen sábado. Hacía sol y me había comido un enorme plato de pasta con un amigo.

Decidimos ir al cine: “Elizabethtown” a las 18:10 en los Ideal. Así que nos subimos al coche de mi amigo y enfilamos la Castellana hacia el sur. “Qué gozada es conducir por Madrid los domingos a esta hora”, me dice. Yo iba mirando por la ventanilla, dándome cuenta de que había más gente de lo normal por las aceras.

No sé en qué momento exacto me acordé de la manifestación. No sé si fue cuando nos vimos en un atasco en Colón, o si fue un poco antes, cuando vi a un tío con una bandera de España y pensé que aún quedaban demasiadas horas para el partido.

Bien. Una hora después nos habían desviado por Serrano, donde estuvimos atascados media hora. Niños con banderas, mujeres con pancartas, hombres con carteles, monjas con globos… Dos millones según la organización, 400.000 según la policía, ¡yupi!

Lo que pedían era que la asignatura de religión fuera puntuable, que tuviera la misma importancia que la Historia o el Lenguaje. Y a mí me parece estupendo que se manifiesten por cosas tan absurdas como esta, pero me pregunto si no lo podrían hacer en el Campo de las Naciones, por ejemplo, que además allí igual son más fáciles de contar. Pero no, lo tienen que hacer por el centro. Yupi.

Salimos de ahí como pudimos para dar un rodeo del copón. Se había nublado y ya eran casi las seis; a la mierda el cine. Cuando estábamos acercándonos a Atocha, había aparcados a ambos lados de la calle decenas de autobuses. Autobuses que habían traído a miles de personas. Miles de personas con las que no tengo nada que ver. Y me puse como triste.

Odio a mis amigos

Odio a mis amigos

Cecilia tiene 20 años, gafas de color y dice que echa de menos los techos altos de Buenos Aires.

Cuando la miramos sonríe. Nos deja pedirle canciones (una tras otra). Y nos sirve los “santateresas” repletos de hielo, en copa alta.

Decimos que nos vamos, pero entonces pone sobre la barra 4 tequilas marrones: “El último que se lo beba, se toma otro”. Y nos los bebemos. Y nos quedamos.

Cecilia coge una libreta y comienza una lista de lo que necesita para el bar: “Vasos de plástico”, escribe. Pero se despista: “Qué canción más LINDA”.

Es inevitable. Le robo la libreta y añado a su lista: “Linda”.

Pero uno de mis amigos me la roba a mí y escribe debajo “+ Linda”. Y debajo “++ Linda”. Y debajo otro “linda” más grande.

Cecilia ve a mi amigo con la libreta y la coge. Lee la lista. Arranca la hoja y, mientras se la guarda en un bolsillo, mira a mi amigo y le dice con una enorme sonrisa: “Te luciste”.

 

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Guía para chicas

Guía para chicas

Este dibujo, feo de cojones, pertenece a la "Guía para chicas" que ha editado el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

 
El dibujo en cuestión pertenece al folleto que trata de las relaciones afectivas y sexuales y ha generado muchas críticas (no artísticas). Se ha dicho que invita al "lesbianismo y la masturbación". La Junta de Castilla-La Mancha ha tenido que retirarla la guía "provisionalmente".
 
La noticia es divertida. Pero más divertida es la frase (en Comic Sans, por supuesto) que viene debajo del dibujo:
 
"Si tienes la posibilidad de que alguien de tu confianza te dé masajes, relájate y abandónate... seguramente te sentirás estar en otra galaxia..."
 
Aunque la guía sea para chicas, yo me voy a aplicar el cuento y en cuanto tenga la posibilidad, me voy a relajar y a abandonar. 
 
En cuanto tenga la posibilidad.
 

Air skate

Tengo un amigo que cuando bebe hace air skate.

 
El air skate es hacer skate... sin skate. Tiene su origen en el air guitar que, como los más listos ya imaginarán, es tocar la guitarra sin guitarra. Sencillo, ¿no?
 
No tanto. Tiene su arte.
 
El fin de semana pasado, este amigo vino a Madrid y salimos y bebimos y escuchamos rock y todo apuntaba a que iba a ser una gran noche de air skate.
 
Salimos del último bar y me fijé en que mi amigo calentaba los tobillos, hacía girar sus Etnies contra el asfalto. Saqué el móvil y lo puse en modo cámara. Había que capturar ese momento. Quería congelar su vuelo.
 
Mi amigo dio unos pasos hacia atrás y miró desafiante a los los bolardos de la acera. Yo me puse de rodillas para tener una buena perspectiva y le
apunté con el móvil. Comenzó a correr... a patinar. Y cuando llegó a la altura de los bolardos, se elevó con su skate. Disparé.
 
 
skate air 
 
 
Y bueno... Le di tarde. O pronto. No sé. Pero voló. Os juro que voló con su skate.
 

I believe

I believe

Dedicado a los millones de creyentes de la familia Apple, ha aparecido esta capucha para el iPod Suffle en forma de crucifijo.

Su diseñador, un tal Scott Wilson, dice que lo creó "inspirado por la obsesión y la devoción del iPod" en el mundo. Cuesta 13 $ (uno destinado a Cruz Roja).

El aparatejo tiene su gracia, porque los Apple Store cada vez se parecen más a los templos de oración del futuro. Pero el nombre... el nombre es una genialidad.

Creo yo.

Paco vs. Zach

Paco vs. Zach

Ayer me pasó algo representativo de… algo.

El domingo de la semana pasada vi el estreno en Antena 3 de “Los hombres de Paco”, una serie sobre unos policías pretendidamente cutres y con supuesto humor negro. Me pareció que tenía cosas que estaban bien y algún que otro momento bueno, por lo que pensé que había que darle una oportunidad.

De verdad que veo estas cosas con ganas de que me sorprendan, con ganas de disfrutar, con espíritu positivo... Pero enseguida consiguen ponerme de mala hostia.

Ayer empecé a ver el segundo capítulo de “Los hombres de Paco”. Las cosas malas del primer capítulo habían ido ganando terreno a las buenas. A los 24 minutos hubo una escena (que no tengo tiempo de describir aquí) que colmó el vaso y me puso, lo que decía, de mala hostia.

Encendí el DVD y metí la primera temporada de "Scrubs", una sitcom sobre unos jóvenes médicos, muy divertida, con toques surrealistas y con Zach Braff, el de "Algo en común" ("Garden State"), como prota.

No voy a entrar a comparar las dos mil cosas que diferencian una serie de la otra. Pero se acabó el hacer esfuerzos para sacar algo digno de una serie de hora y media. Viendo Scrubs, a los 30 segundos estaba sonriendo. Al minuto me habían sorprendido. Y al minuto y medio ya me había olvidado de las mierdas que hacemos aquí.

Taxi

Taxi

Escribo estas líneas convencido de mi indignación, pero también, tengo que decir, lleno de espíritu 'loser' y cierto arrepentimiento.

Pero qué cojones, yo soy un tipo pacífico por naturaleza que siempre intenta seguir una regla fundamental en esta vida llena de obstáculos y niebla: "nunca discutas con extraños". Esto yo lo tengo clarísimo. O eso pensaba.

El caso es que después de un concierto memorable de Clem Snide y de unas copas a gusto con amigos, me encuentro acompañando a una amiga a coger un taxi en la plaza de Gregorio Marañón.

Son las 5 de la mañana. Llueve.

Después de un largo rato, se acerca un taxi y se empieza a bajar gente. Falsa alarma: alguien sigue camino dentro del taxi. Mientras pasa esto, una niñata de veintiuno vestida de manera absurda ha venido corriendo desde nuestra derecha y ha intentado coger el taxi. Y cuando el taxi se ha ido, ella se ha quedado ahí, de pie, como mirando para otro lado, a nuestra IZQUIERDA. Es decir, como que se ha puesto DELANTE.

Y yo la miro unos segundos larguísimos, y ella como que mira para otro lado. Y como llevo dos copas de más pues me lanzo y tenemos este diálogo 'desagradabilísimo':

- Llevamos aquí esperando un buen rato.
(digo)
- Y qué.
- ¿Te vas a quedar ahí?
- Me quedo donde me da la gana.
(mi amiga me mira como diciendo "no sigas", pero yo sigo porque llevo dos copas de más)
- ¿Y si viene un taxi piensas cogerlo antes que nosotros?
- ¿Es que la calle es tuya?
- No, no. Mía no. ¿Pero piensas quedarte ahí?
- Me quedo donde me da la gana.
(entonces me fijo con detalle en ella: es muy guapa, lo que no impide que la odie con la misma fuerza; lleva botas de india, como abrigadas, y minifalda con flecos).
- En serio, llevamos aquí un buen rato y si viene un taxi...
- La calle no es tuya, y me pongo donde me da la gana.
- No me jodas, vuelve al puto poblado indio ya.
(error mío, lo sé, lo reconozco, me arrepiento, ni siquiera tenía gracia, el alcohol hablaba por mí).
Pero entonces ella duda y vuelve por donde había venido. A los pocos metros se gira ofendida:
- Y tú cambiate de jersey.
(¡mi jersey favorito!)
- Y tú de botas. Y de tribu.
Y ella se aleja hacia un chico que parece su novio y que podría partirme la cara pero que no lo hace y me alegro por ello.

El caso es que el siguiente taxi fue para mi amiga. Y quiero pedir perdón a las niñatas de veintiuno que se visten de indias y quiero también decir que mi jersey era chulo de cojones.

Terror

Terror

Miriam tiene 20 años y está en un andén de la línea cinco esperando a que llegue el metro.

Detrás de ella está Jorge. Jorge tiene 23 y parece que también espera.

El tren aparece en el andén. Antes de que llegue a la altura de Miriam, Jorge se acerca y la empuja lanzándola a las vías. El conductor no tiene tiempo para reaccionar. El tren corta la pierna izquierda de Miriam, a la altura de la pelvis.

La gente que está en el andén grita y se aleja con miedo de Jorge, que está de pie, con la mirada perdida.

---

Esto pasó ayer a las ocho de la tarde en la línea verde del metro de Madrid. Miriam ha perdido la pierna, pese a que intentaron unírsela en el hospital. Jorge no puso resistencia al ser detenido.

Dicen que Miriam no conocía de nada a Jorge. Y dicen que Jorge pudo tener un trastorno psicológico temporal. Aunque no deja de ser extraño que los dos fueran de Fuenlabrada.

Da terror ponerse en el lugar de Miriam.

Pero si realmente no se conocían y todo fue una “locura temporal”, también da terror ponerse en el lugar de él.

Cámara

Cámara

Me gustan las fotos que hace mi móvil porque parecen de mentira.

La realidad que retrata es más borrosa y las cosas parecen a veces lo que no son.

Por ejemplo, la chica de la foto viajaba a mi izquierda en el tren que nos traía de vuelta a Madrid. La realidad de mi móvil y la lógica que se desprende de la imagen indican claramente y sin lugar a dudas que me enamoré de ella y de sus zapatillas rojas.

Pero no.

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Dos recomendaciones

Dos recomendaciones

Este fin de semana he visto "Spellbound". He hecho otras cosas, pero ésta ha sido la más satisfactoria de todas.

“Spellbound” es un documental que cuenta la historia de varios niños americanos que se presentan a un concurso nacional de deletrear palabras (este tipo de concursos, por lo visto, son allí habituales).

Les recomiendo que vayan ustedes a los cines Verdi y disfruten de esos personajes, reales, pero personajes. Además, si no van solos, si compran dos entradas, les regalarán en la taquilla el DVD de "Ser y tener".

Y esa es la segunda recomendación. “Ser y tener” es otro buen documental sobre una pequeña escuela rural francesa en la que un profesor da clases durante un año a alumnos de diferentes edades. Es cojonudo, bonito. Podría haber estado otra hora escuchando a ese profesor solitario y sabio.

Y si, además, uno de los dos se compra palomitas y cocacola, pues les regalarán el DVD de “Herencia”. Y esta ya no sé qué tal es porque no la he visto.

Tengo que disfrutar con otras cosas mientras espero a que estrenen alguna buena comedia. Que joder qué ganas, por otro lado.

Billionaire

Billionaire

Ese señor de la fotografía se llama Flavio Briatore.

Flavio tiene 55 años, es director deportivo del equipo Renault de Fórmula 1 y ha sido pareja de Heidi Klum, Naomi Campbell o Jennifer López.

Flavio, entre otras cosas, tiene una mansión en Kenia que se llama “El león bajo el sol”, una yate gigante al que bautizó como “Lady in blue”, un restaurante en las Islas Vírgenes y una discoteca en la isla de Cerdeña que se llama “Billionaire”, donde guarda botellas de champán de 16.000 euros.

Flavio acaba de sacar una línea de ropa y complementos para hombre con ese mismo nombre, Billionaire. Y no es engañoso: pantalones de 800 euros, chaquetas de 5.000.

Flavio es amigo de Alejandro Agag, y aún así recibe diariamente 200 cartas de amor y alguna más en el correo de su página web.

Flavio dice cosas como: “La Fórmula 1 no es sólo deporte y tecnología. Lo que atrae a la gente es: el glamour, el estilo de vida, el drama”.

Flavio también dice: “La gente piensa que yo vivo una vida desenfrenada, que sólo pienso en las mujeres y que mi existencia transcurre entre la cama y las noches en la discoteca. Eso es mentira. Trabajo 14 horas al día durante todo el año y únicamente me concedo dos vacaciones anuales. ¿Es que no puedo disfrutarlas?”.

Por supuesto que puedes, Flavio.

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